Una cuestión de valores

Juan Carlos y Lili tenían cinco años de casados. Conversábamos sobre sus planes a futuro, ambos conservaban la emoción de los primeros años y hablaban de qué harían con sus ahorros, pensando en formar un patrimonio para su familia. Tenían dos hijos pequeños, Isaac de dos años y Marina de unos cuantos meses.

Yo les comentaba cómo los planes financieros – al igual que cualquier otro tipo de plan – deben estar alineados con sus valores o estarían dirigidos al fracaso. Tomamos decisiones de acuerdo a nuestra jerarquía de valores. Todos tenemos una forma personal de valorar, que se ha ido gestando a lo largo de nuestra vida. Cuando hacemos planes que van en contra de esta jerarquía, tarde o temprano terminaremos saboteándolos, ya que uno siempre es fiel a sus valores fundamentales.

Es posible que en la vida nos encontremos con personas que piensan y valoran de manera similar, pero es casi imposible que haya dos individuos con la misma jerarquía. Por eso favorece hablar sobre valores antes que hablar de dinero.

– «Ése no es problema para nosotros», dijo Juan Carlos airadamente, «nosotros estamos de acuerdo con nuestros valores».

Lanzó una mirada inquisitiva a su esposa y ella asintió con cautela.

– «Creo que sí», dijo ella con voz baja.

Les propuse hacer un breve ejercicio y aceptaron el reto. Se trataba de un ejercicio para clarificar los valores personales que había utilizado numerosas veces. Cuando revisamos juntos sus resultados, ambos habían coincidido en colocar como valor número uno la educación de sus hijos.

– «¡Ajá!», exclamó Juan Carlos, «te lo dije, valoramos lo mismo»

– «No tan rápido» aclaré, «veamos algo antes de caer en conclusiones. Por favor escriban brevemente qué entiende cada quien por darles educación a sus hijos, cuál sería para ustedes la mejor educación que pudieran dar».

Después de unos segundos Lili había escrito: «Enviar a nuestros hijos a las mejores universidades privadas del país».

Juan Carlos escribió: «Tener tiempo disponible para ayudar a Isaac y Marina con sus tareas y exámenes».

Cuando ambos leyeron sus definiciones quedaron pasmados.

– «¿Ven la diferencia? Mientras uno habla de la educación de la escuela, el otro habla de la educación en casa. Cada uno lo hace desde su propia historia, pero puede llevarlos a un conflicto si no se ponen de acuerdo desde ahora. Porque en un futuro Lili esperará que Juan Carlos trabajara tiempo extra para pagar la universidad privada, mientras él estaría buscando la oportunidad de volver a casa temprano a revisar la tarea de sus hijos.»

En las organizaciones y grupos de trabajo, así como las familias y parejas existen valores comunes y valores personales. Unos y otros compiten por nuestra atención y moldean nuestras decisiones. No basta con que un director o líder se levante y declare cuáles son los valores de la compañía, si sus colaboradores no los comparten, todo quedará en palabras.

Por eso es importante hacer consciente tu propia jerarquía de valores y reflexionar acerca de la relación que guarda con los valores de la empresa, familia o  pareja. Tal vez haya que hacer algunos cambios.

En días recientes reflexionaba sobre este tema y encontré tres maneras en las que dos valores responden cuando entran en relación, utilicé una analogía para poder explicar el fenómeno.

En música, la consonancia (eufonía) es una noción subjetiva según la cual se consideran ciertos intervalos musicales menos tensos que otros. En oposición a este concepto, está el de disonancia, que se usa para referirse a intervalos que se consideran más tensos que otros. Según la Real Academia Española, consonancia es la «cualidad de aquellos sonidos que, oídos simultáneamente, producen efecto agradable.»

La disonancia, produce un efecto de tensión o desagrado. Cuando una persona canta desafinada, desagrada, éste es un ejemplo de disonancia.

De forma análoga, diremos que dos valores están en relación de consonancia cuando pueden armonizarse, es decir, cuando puedo buscarlos y conocerlos simultáneamente. Por ejemplo, conocimiento y sabiduría, amar y ser amado. Son valores consonantes.

En cambio, cuando dos valores parecen ser contrarios o contradictorios, o cuándo uno compromete a otro, teniendo que vernos en la necesidad decidir entre uno de ellos, decimos que están en disonancia. También se le conoce como conflicto de valores o valores rivales. Ejemplos pueden ser la seguridad vs la libertad, la innovación vs el control, etc.

Existe también en la música un tercer concepto relacionado con el sonido y que podemos utilizar de manera análoga al campo de los valores: Resonancia. La resonancia se produce cuando la vibración de un objeto entra en armonía con otros del entorno y de forma que el sonido se amplifica. De ahí el nombre de “caja de resonancia” que se le da a la parte ancha de una guitarra. Esta caja tiene el objetivo de amplificar el sonido.

De esta manera, dos (o más) valores están en resonancia cuando se amplifican mutuamente, es decir que el hecho de buscar un valor, me lleva al otro con una mayor intensidad y viceversa.

En una organización o grupo de personas, los valores del grupo pueden disonar, consonar o resonar con los valores personales; esto puede producir un efecto favorable o desfavorable, tanto para la persona como para el conjunto. Es importante comprender cómo se da la relación entre tus valores personales y los de tu pareja, equipo o empresa, para generar estrategias personales para sacar provecho a la resonancia natural producida y disminuir o solucionar las disonancias.

Habrá que llegar a acuerdos, dialogar acerca de las similitudes y diferencias y encontrar puntos de convergencia, si no lo hacemos corremos el riesgo de estar haciendo planes en el vacío.

Después de una buena charla, Juan Carlos y Lili pudieron encontrar diversas similitudes en sus jerarquías de valores y dialogar sobre otros puntos de divergencia. En ese entonces no tenía la teoría de los tres conceptos musicales así que no lo pude compartir con ellos, pero estoy seguro de que el ejercicio les permitió encontrar mayor resonancia. Te invito a hacer lo mismo.

Bonita semana.

 

Fotografía por Jordan Ladikos en Unsplash

About the author

Me gusta el aprendizaje, el crecimiento, contribuir al mundo; amo a mis hijos; explico cosas; comparto mis pensamientos; escucho a los demás; practico la filosofía y el coaching; doy conferencias, talleres y clases a quien se deje; me gusta dejar un pedacito de mí en la vida de las personas.

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