Es hora de hacerse preguntas más profundas

Hasta hace unos pocos años no sabía a ciencia cierta cómo poder hacer algo de ayuda con la sabiduría que me había sido compartida durante mi formación. Conocía muchos conceptos del mundo de las ideas y de los pensamientos de grandes hombres, sin embargo no siempre podía encontrar la manera de hacer un mundo mejor con todo ello. Por supuesto, regía mi vida bajo los criterios de la filosofía que me había sido enseñada, pero aún no sabía como cambiar la vida de las personas alrededor.

Frecuentemente llegan a mi comentarios de seres queridos cargados de dudas y dolores, de cuestionantes y situaciones sinuosas en las que no pueden tomar alguna decisión. Hasta donde he aprendido, la filosofía es en estos momentos indicadora de camino y da luz, orienta a quien la practica para cumplir su destino. ¿Pero quién es aquél que la practica? Desde mi experiencia, todo hombre alguna vez en la vida crea una filosofía y la encarna.

Existen muchas acepciones sobre la palabra filosofía, sin embargo, para mí la que importa aquí es la filosofía personal y, hasta donde alcanzo a ver, tiene tres características: es propia e individual, es una explicación de las creencias fundamentales que tiene cada persona y es, sobre todo, comprometedora.

Cada hombre pasa por el mundo y vive en el mundo. El mundo, es decir, la realidad, existe. La conozcamos o no. Sin embargo, no nos relacionamos directamente con ella, sino a través de una idea. Nosotros nos hemos hecho una idea del mundo y con ella nos relacionamos.

El desarrollo humano está determinado, en primer lugar y en gran parte por el pensamiento propio. Estemos conscientes o no, una Filosofía de la vida, una manera de entender el mundo, un punto de vista, evoluciona a lo largo de los años. Tomamos decisiones sobre quiénes somos, en qué creemos y de qué somos capaces. Esas decisiones dirigen nuestras acciones y moldean nuestro comportamiento, cuyo producto final son las circunstancias y condiciones en las cuales nos hallamos nosotros mismos”  David McNally, Even Eagles Need a Push.

Cada momento es una elección y cada elección tiene sus costos y sus beneficios. La vida se vuelve a preguntarnos una y otra vez «¿Qué harás ahora?» Decisiones tan triviales como, «Han cerrado la papelería» o «Se ha desinflado una llanta de tu auto, ¿qué harás ahora?» hasta críticas como «Tu hijo o hija ha sido diagnosticado con cáncer» o «Has perdido tu trabajo de 15 años»… ¿Qué harás ahora?

La respuesta que damos a estas preguntas está marcada por nuestra forma de ver el mundo, nuestra jerarquía de valores y nuestras costumbres o hábitos. A estos tres elementos le llamo nuestros sistemas de creencias.

Cuando las personas buscamos consejos sobre qué hacer en determinada circunstancia, por lo general pedimos recetas. Queremos una o dos prácticas sencillas que generen cambios en nuestros resultados. En ocasiones no basta con eso. Tenemos que cambiar lo que somos, lo que creemos y no solo lo que hacemos.

El viernes pasado en clase reflexionábamos sobre la necesidad que experimentan los seres humanos de detenerse alguna vez a preguntarse sobre el sentido de sus vidas, sobre su existencia. En ocasiones las respuestas tradicionales no son suficiente y nace la necesidad de hacerse preguntas más profundas. Entrar a este proceso sin una guía nos puede llevar a caminar en círculos hasta quedar más perdidos de como empezamos. Aquí es donde el sabio tiene cabida y me alegra que se esté despertando a esta necesidad.

«¡Cómo es posible que haya alguien que no sepa cuál es el sentido de su vida!», le comentó molesto un conocido a una de mis alumnas cuando ella intentaba explicarle lo que hacíamos en clase. Muchos andamos por la vida sin sentido y nos hemos acostumbrado a ello. No nos preguntamos, no nos damos cuenta, vamos en automático y podremos llegar así hasta el final. Sin pena ni gloria. Pero no creo que sea tu caso.

Ir en automático es uno de los problemas, el otro es vivir desalineado. Decimos una cosa, hacemos otra, creemos algo diferente y el entorno no ayuda. Por ejemplo, decimos que nos pondremos a dieta y haremos ejercicio, pero trabajamos en un restaurante de comida rápida, llegamos a nuestra casa y vemos solo televisión. Nos vemos en el espejo y nos reprochamos lo miserables que somos.

Robert Dilts es uno de los principales expositores de la Programación Neuro Lingüística (PNL), tiene un modelo que me ha servido para hacer cambios de largo plazo en lo personal, en las sesiones de coaching y en consultoría organizacional. Hasta el momento, este modelo sigue siendo pieza fundamental de mi metodología.

Iniciamos explorando el medio ambiente, cómo son las circunstancias actuales, subimos a explorar las conductas. Preguntamos cuáles son las conductas que nos dan resultado y cuáles nos están alejando de los objetivos. Después hacemos ejercicios de autoconocimiento, cuáles son mis capacidades naturales y cuáles he ido perfeccionando con el tiempo, qué puedo hacer para adquirir nuevas habilidades y qué herramientas tengo que estoy dejando de lado o pasando por alto.

Aunque esta primera parte puede producir cambios importantes, el cambio más significativo sucede cuando nos introducimos a los sistemas de creencias y valores personales. ¿Cuál es tu forma de ver el mundo? ¿Qué es lo más importante para ti? ¿Qué te dices a ti mismo al respecto? y, sobre todo, ¿por qué? En ocasiones no logramos obtener los resultados que buscamos porque somos fieles a una concepción previa o a un valor rival. Nada conseguiremos si no hacemos los cambios adecuados en el nivel más alto posible. La pregunta profunda, nos incomoda y nos reta, pero su respuesta produce cambios trascendentes.

¿Realmente vives la vida que siempre deseaste? ¿Te sientes pleno con la situación actual que vives? Probablemente no. Tal vez te ha sedado y estás acostumbrado a ello. Pero no tiene que ser así. ¿Qué patrones de pensamiento te tienen paralizado, dormido, lastimado, amarrado? ¿Qué hay detrás de las decisiones que tomas?

Pienso que es buen momento para comenzar a preguntarnos, ¿por qué hacemos las cosas?, ¿qué queremos de nuestra vida, en primera instancia?, ¿qué nos hará verdaderamente felices?

Si estás luchando con algo que deseas cambiar en tu vida y no lo has logrado, requerirás ir más allá de la superficie. No basta con echarle la culpa a los demás. Tampoco es suficiente con que hagas ajustes en tus comportamientos. Requerirás dar pasos más profundos y hacerte preguntas comprometedoras. ¿Cuesta? Sí, pero el beneficio es mil veces mayor que el costo que pagas por ello.

Bonita semana.

 

 

About the author

Me gusta el aprendizaje, el crecimiento, contribuir al mundo; amo a mis hijos; explico cosas; comparto mis pensamientos; escucho a los demás; practico la filosofía y el coaching; doy conferencias, talleres y clases a quien se deje; me gusta dejar un pedacito de mí en la vida de las personas.

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