Vence el perfeccionismo siendo compasivo contigo mismo

– ¿Así que eres perfeccionista, Alex? – Me preguntó

– Así es – le contesté con orgullo – pienso que si quieres que algo salga bien, entonces debes hacerlo tú, y más vale que lo hagas bien, o mejor, no hagas nada.

– Vas a ser muy infeliz – me interrumpió.

Sus palabras me golpearon como piedra.

Titubieando un poco le repliqué:

– ¿Por… por qué lo dices?

– Por que yo lo soy.

Dijo esto y bajó del taxi.

Yo a penas pude asir la palanca para abrir mi puerta. Quedé en shock.

Él era un hombre mucho mayor que nosotros. Había entrado a estudiar su segunda carrera. Iba algunos años más arriba que yo en la escuela, pero nos conocíamos por tener amistades en común.

Ibamos de vuelta después de un almuerzo con algunos representantes de todos los niveles de la facultad y coincidió que compartimos el taxi en el camino. Durante el traslado conversábamos sobre la escuela y le hablé de mis trabajos finales. Me quejaba de mis compañeros de equipo y explicaba mi plan para rehacer todo el escrito que presentaríamos al día siguiente. Esperaba una noche muy larga, como muchas que tuve en la universidad.

Fue entonces cuando él me hizo la pregunta: “¿Así que eres perfeccionista?”

El hombre tenía fama de gruñón. Delicado, estricto, muy distinguido y había ganado muchos premios en la escuela. Siempre iba vestido impecable, perfectamente afeitado, perfumado, elegante; demasiado propio para hablar; jamás le escucharías decir una mala palabra. Pero pocas veces lo veías reír.

De forma que, viniendo de él, estas palabras tuvieron muchísimo peso en mi interior: “Vas a ser infeliz” me repetí una y otra vez esa noche. Mientras reescribía el trabajo imperfecto de mis compañeros. “lo sé…porque yo lo soy…”

Lamento ser yo quien te dé esta noticia, pero… eres imperfecto.

Perfecto singifica acabado. Los seres humanos no estamos nunca acabados. No hemos terminado.

Cuando llegamos al mundo, lo hacemos siendo una promesa. Una esperanza de llegar a ser algo. Somos todo posibilidad. Llegamos indefensos y dotados de maravillosas cualidades en potencia. Sin embargo dependientes de los demás. No sabemos vivir por nosotros mismos.

Con forme vamos creciendo vamos sacando nuestras capacidades, nos vamos desenvolviendo, es decir, perfeccionando. Pero en este proceso también vamos recibiendo algunos golpes que nos frenan y otras experiencias que nos aceleran. El caso es que, todo el tiempo estamos evolucionando.

Somos seres perfectibles, mas no perfectos.

¿De dónde sacamos que podemos llegar a serlo? ¿Cómo decidimos que si no era perfecto no merecía la pena hacerlo?

No lo sé.

Algunos creen que el perfeccionismo los mueve hacia adelante. ¿Te has fijado que, incluso es un defecto que algunos presumen? “Es que soy muy perfeccionista” – lo dicen ciertas personas con una sonrisa en la boca y levantando la barbilla.

El perfeccionismo te frena, no solo para alcanzar y terminar lo que deseas, sino que en ocasiones te priva incluso de comenzar algo.

Yo descubrí que gran parte de los proyectos o ideas que no me atrevo a empezar es por perfeccionista. Pero es un estilo de perfeccionismo impráctico. Es decir, me viene a la mente una frase “Si no lo vas a hacer bien, entonces, no lo hagas”.

Siempre fui inquieto y me gustaba aprender. Así que aprendí muchas cosas. Bueno, muchas medias cosas. Sé unos cuantos acordes en la guitarra, una que otra pieza en el piano, sé medio hablar inglés; me defiendo jugando baloncesto, pero no creo que pudiera rendir un cuarto de partido, si quiera. Conozco algo de carpintería, algo de soldadura, pero no domino ninguna de estas habilidades. Las aprendí durante mi niñez y adolescencia. No soy, en absoluto bueno en ellas. Así que no las hago. No puedo tocar una pieza musical completa sin errores, por lo tanto si alguien me dice: “toca algo” me quedo pasmado. Tieso. Con la mente en blanco. Y…

¿Y? Y nada… ahí queda todo. Simplemente no hago nada.

No basta con aceptar tu imperfección. Hay que abrazarla. Asumirla. Encarnarla.

¿Haz notado que algunas personas hacen alarde de sus imperfecciones, queriendo que todo el mundo note que soy auténticas y simulan ser felices con ellas, pero que su lenguaje corporal los delata? Percibes una nota de coraje cuando hablan, no dejan de tener el seño fruncido y cuando dicen “estoy muy feliz con lo que hago, tengo o soy” y niegan con la cabeza mientras lo dicen. ¿Lo has visto?

Su boca dice: “La verdad, yo ya me acepté como soy. Hay que ser uno mismo. Yo estoy feliz así” y su su cabeza dice “Ni de broma. Estoy enojado. Odio al mundo y a todos los que sí son perfectos, incluyéndote a ti.” Sus brazos cruzados. Las pupilas reducidas y las puntas de los oidos ligeramente alzadas.

¡Madre mía! Hasta dan miedo.

Aceptarse y abrazarse es un acto de paz. No de escándalo.

Hay una diferencia entre abrazar la imperfección y resignarse.

Sé compasivo(a) contigo mismo(a)

El ser compasivo consigo mismo es un regalo no un premio.

Durante muchos años hemos utilizado el premio y castigo para reforzar o disminuir comportamientos. Si queremos que los niños hagan una buena práctica entonces los premiamos con algo al final. Si lo hacen mal, les daban castigo.

Esto nos lleva a un error: cremos que el premio o castigo tienen una relación total o de dependencia del comportamiento. O sea, que la única manera para obtener el premio o para evitar el castigo es mediante el comportamiento. Creemos que tenemos que merecer las cosas.

El descanso es un regalo, no un merecimiento. ¿Cuándo vas a descansar, cuando lo necesites o cuando lo merezcas?

Hay una lógica erronea.

Mi hermano sacaba puro 10. ¡Puro 10!

10 implica cero errores. Mi padre nos pedía cada quincena las calificaciones. De manera religiosa, llegaba el día 15 y lo primero que decía en casa era: tus calificaciones. No «buenos días», no «¿cómo te fue en la escuela?», era: «tus calificaciones». En ese entonces no entendía quién le avisaba a mi padre habían dado calificaciones en la escuela, él las olía, tenía un detector para saber que venía la boleta en mi mochila.

– Mmmm huele a spaghetti- podía decir yo,

– No, huele a calificaciones, ¡tráelas para acá! – Decía mi padre

Está bien, no era sí exactamente, pero en mi mente así se veía.

Una persona en la escuela estaba aprobada o reprobada si sacaba arriba de 6. Mi padre nos aprobaba con 10. Tenía cierta tolerancia para los 9. Pero 8 era inadmisible.

Para incentivar nuestro buen desempeño nos daba 10 pesos por cada 10. No había ningún premio por los 9, pero si había un 8, todo se perdía. No había nada.

Esto funcionó al principio. Mejoré mis calificaciones y llegué a estar en el cuadro de honor, pero luego se volvió en mi contra. Resultado: cada vez mayor estrés. Lloraba cuando aparecía un ocho en un examen y llegué a desarrollar artritis durante mis años de facultad. Me volví inseguro y en lugar de disfrutar de los éxitos, cada 10 no era causa de alegría, sino era la norma. Evitaba el 9 o cualquier otra calificación. ¿Qué efecto tenía en mí? Era infeliz.

Por eso resonaron tanto en mí las palabras de aquél día bajando del taxi. Las palabras del compañero de la facultad, me marcaban porque correspondía con algo que estaba viviendo. No eran especulaciones o imágenes de algo remoto. Eran la amenaza de perpetuar lo que yo ya estaba viviendo.

¿Hasta cuándo? ¿Hasta que hice las paces conmigo? Hasta que logré aceptar que soy lo que soy y no otra cosa. Que valgo por estar aquí y no por lo que haga o deje de hacer. Hasta que fui compasivo conmigo.

Digo, paso todo el tiempo conmigo mismo, a donde vaya ahí estoy, así que ¿puedo aprender a llevarme bien?

Cuando uno es «perfeccionista» consideras que los defectos son una carga insoportable. Dejé entonces de serlo, me declaré un «imperfeccionista» los defectos son regalos, y son lo que hace la vida más valiosa.

Date la oportunidad de abrazar tu imperfección, haz la prueba aunque sea sólo un rato y sé compasivo contigo mismo.

5 pasos para practicar la compasión contigo mismo

Paso 1: practica el perdón

Deja de castigarte por tus errores. Acepta que no eres perfecto y sé gentil contigo mismo cuando te enfrente a tus deficiencias. Tus amigos y colegas te valoran por lo que eres, no porque seas irreprochable.

Toma conciencia cuando obtienes un sentido de autoestima a partir del rendimiento o la perfección. Comprenda que no necesitas ser de cierta manera merecer amor.

«No tiene sentido castigar tu futuro por los errores de tu pasado. Perdónate, avanza y luego déjalo ir «. Melanie Koulouris

Paso 2: emplear una mentalidad de crecimiento

En el corazón de la investigación de Carol Dweck está el impacto de nuestra mentalidad en el bienestar. Ella descubrió que si tenemos una mentalidad fija o de crecimiento influye en nuestra felicidad. ¿Ves los desafíos como obstáculos insuperables o como oportunidades para crecer?

Toma conciencia de tu visión del mundo y trata de emplear una mentalidad de crecimiento. Abraza los desafíos en lugar de evitarlos, persiste en encontrarles sentido, no te des por vencido. Cuando descubras que te estás criticando a ti mismo o haciendo comparación con los demás, trata de encontrar inspiración en tus éxitos y fortalezas en lugar de sentirte amenazado.

Paso 3: Expresa gratitud

Tener un sentimiento de gratitud es poderoso. En lugar de desear lo que no tenemos, hay una gran fortaleza para apreciar lo que tenemos, en este momento. Puedes elegir escribir un diario de gratitud o dar un paseo de gratitud. Al centrarnos en nuestras bendiciones, empleamos una voz más amable y alejamos el enfoque de nosotros mismos y de nuestras deficiencias, y nos adentramos en el mundo con toda su belleza.

Paso 4: Encuentra el nivel correcto de generosidad

Raj Raghunathan ha identificado tres estilos de reciprocidad diferentes: dador, tomador y emparejador. Obviamente, los «dadores» son las personas más generosas y la generosidad es una gran manera de emplear la compasión. Sin embargo, los dadores pueden ser tanto los más exitosos como los que no tienen éxito ya que pueden caer en un patrón de donación desinteresada, ignorando sus propias necesidades.

Para que la generosidad funcione a favor de tu bienestar, no puedes ser del todo desinteresado. Entonces, al ser generoso, asegúrate de conocer tus propias necesidades antes de avanzar. Luego, elige conscientemente a la persona, los recursos que tienes disponibles y tu nivel de energía en función de lo que excede tu propio bienestar.

Además, diviértete siendo generoso, observa la diferencia que haces y no te olvides de devolverte algo a ti mismo. Hacer el bien a los demás nos hace felices, pero solo si no reduce nuestro propio nivel de salud.

Paso 5: cuídate

Se ha descubierto que la atención plena (mindfulness) tiene un impacto positivo en la autocompasión, ya que tiene la tendencia a disminuir el auto-juicio. Hagas lo que hagas, intenta estar en el momento y consciente de lo que está sucediendo en este momento sin juzgar y etiquetar.

Permite que lo que piensas o sientes tenga su momento, no le des el micrófono ni lo escondas en la esquina. Permita que venga y luego sin ningún archivo adjunto, déjelo ir.

 

Eres perfectamente imperfecto, de eso se trata. Puedes ser feliz tal y como estás. Regálate la oportunidad.

About the author

Me gusta el aprendizaje, el crecimiento, contribuir al mundo; amo a mis hijos; explico cosas; comparto mis pensamientos; escucho a los demás; practico la filosofía y el coaching; doy conferencias, talleres y clases a quien se deje; me gusta dejar un pedacito de mí en la vida de las personas.